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lunes, 23 de enero de 2012

ORLANDO DICE...¿Qué hay detrás del problema Vargas-Hipólito?


Orlando Gil
orlandogil@codetel.net.do
DECÍA.- La semana pasada decía que el problema entre Hipólito Mejía y Miguel Vargas era personal y no político. Que si fuera político ya se hubiera resuelto de las únicas dos maneras posibles: o mediante el reparto de posiciones en un futuro gobierno o en el partido, o colocando los principios por encima de las aspiraciones de grupos o individuos. En otras oportunidades se hizo y el PRD acudió unido a las elecciones.
El propio Mejía puede hablar de eso, pues cuando se impuso en las internas del 2000, distribuyó el poder como nadie y todos los perredeístas de la cúpula se sintieron reconocidos y agradados. Ni que hubiera recordado a Jacobo Majluta y la consigna de la campaña de los comicios del 1986: “Con Jacobo ganamos Todos”. Ahora el caso es personal, en que el dolor de uno es la respuesta al dolor del otro. Incluso, como tienen “el corazón en carne viva” (como en la canción de Raphael ), la discordia se agrava con cada nuevo chisme de los compañeros.
Los lleva y trae tienen en ellos el terreno más fértil para sembrar cizañas que crecen y abundan como la verdolaga… 
CEMENTERIO.- El problema es mayor porque hay dirigentes o instancias perredeístas que no entienden el carácter del fenómeno y creen que –como en ocasiones anteriores– basta con acusar a terceros.
Gente que no habla en el PRD, o que no debiera hablar, porque hace mucho que fue superada por el proceso, quiso negar la realidad de los hechos. Proclamar la unidad no es suficiente, recordar a José Francisco Peña Gómez tampoco.
Hubo una época en que los perredeístas se asustaban unos a otros con el fantasma de la división. Ahora no se trata de división, y por tanto, nadie le va a salir huyendo a una sabana apoyada en un palo de escoba. Lo que hay ahora es un trastorno en los propósitos y las estrategias, y solo puede resolverse aceptando sus maldades y perversidades. Unos y otros. Hubo tiempo para echar tierra o por lo menos tapar los cadáveres, y no se hizo. O no se supo hacer. Cuando hay heridos hay ambulancias y hospitales, pero sí son muertos, hay que llevarlos al cementerio.
¿Quién va al cementerio, Vargas o Mejía?...
LO DE BOSCH.- Quienes negaban que el problema entre los jefes de bandos en el PRD era personal ¿qué dirán ahora que Miguel Vargas e Hipólito Mejía acaban de abortar la posibilidad de un acercamiento que por mal planeado nunca podía realizarse? Si la excusa del viaje de Vargas a Guatemala funcionó para que no tuviera fecha disponible, la nueva salida al exterior, esta vez a Costa Rica y a una reunión de la Internacional Socialista, con más vera, como dicen en los campos. Si hacía falta una reacción o unas palabras para dar por cerrado el caso, Mejía las pronunció sin darse cuenta de que estaba agitando unas aguas, que a pesar de todo este impasse, discurrían mansas. Dijo que las masas del PRD le pasarían por encima a Vargas, incluso que le ocurriría igual que a otros dirigentes históricos, mencionando a Juan Bosch. Lo de Bosch habría que elaborarlo mejor, pues las masas perredeístas no le pasaron por arriba a su entonces líder, sino que éste las abandonó para forjar una revolución que no pasó de capricho. Bosch nunca convocó a su proyecto a las masas del partido blanco… 
EL RODILLO.- Hay que suponer que Hipólito Mejía al decir que las masas del PRD le pasarían por encima a Miguel Vargas, lanzó sin mirar al home, sin saber dónde o cómo caería esa pelota. Pues de seguro que con una partida así el Dominó no se impone ni establece record en Guinness. El problema de Mejía ahora no es si las masas del partido se les van arriba a Vargas o les pasan por encima. Entre las masas y Vargas no hay comunicación, ni él las detiene, si se acepta que el PRD está unido en un noventa y ocho por ciento. ¿Qué sentido o provecho tiene pasar el rodillo a un dos por ciento? Si eso ocurriera, a Vargas y a los suyos les sería más fácil salirse con las suyas, ya que obligaría a los perredeístas a volverse contra sí y abandonar la campaña.
Las cabezas calientes de uno y otro bando tienen que estarse frotando las manos, pues si las partes asumen ese ánimo de guerra total, Danilo Medina y Margarita Cedeño no tienen que afanarse más. Solo esperar que Caín termine con Abel para que la paz retorne a la tierra. Y eso no es tan difícil, ya que entre ellos hablan… Lo digo mañana…

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